En las silentes horas, sus corazones conocen los secretos de los días y las noches. Y sus oídos anhelan escuchar el eco de ese conocimiento que ha descendido sobre los corazones.
Querrían saber, en palabras, lo que siempre supieron en pensamientos. Querrían palpar con sus manos el cuerpo desnudo de los sueños.
Y es bueno que tengan tales anhelos y aspiraciones. Porque el manantial escondido en sus almas emergerá algún día desde las profundidades y fluirá murmurando hacia el mar.
Y el tesoro de los infinitos arcanos será revelado ante sus ojos. Pero no tengan la tentación de llevar balanzas para pesar en ellas sus tesoros secretos. Y no midan la hondura del conocimiento ni con varas ni con sondas. Porque el conocimiento superior es un mar inconmensurable.
No digan: “He hallado la verdad”, sino más bien, “he hallado una verdad”.
No digan: “He encontrado el camino del alma”, sino más bien, “he visto al alma caminando en mi senda”.
Porque el alma camina por todas las sendas. El alma no camina en línea recta, ni crece como un bambú. El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos.
Khalil Gibran – El Profeta
Querrían saber, en palabras, lo que siempre supieron en pensamientos. Querrían palpar con sus manos el cuerpo desnudo de los sueños.
Y es bueno que tengan tales anhelos y aspiraciones. Porque el manantial escondido en sus almas emergerá algún día desde las profundidades y fluirá murmurando hacia el mar.
Y el tesoro de los infinitos arcanos será revelado ante sus ojos. Pero no tengan la tentación de llevar balanzas para pesar en ellas sus tesoros secretos. Y no midan la hondura del conocimiento ni con varas ni con sondas. Porque el conocimiento superior es un mar inconmensurable.
No digan: “He hallado la verdad”, sino más bien, “he hallado una verdad”.
No digan: “He encontrado el camino del alma”, sino más bien, “he visto al alma caminando en mi senda”.
Porque el alma camina por todas las sendas. El alma no camina en línea recta, ni crece como un bambú. El alma se despliega como un loto de innumerables pétalos.
Khalil Gibran – El Profeta
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